martes, agosto 16, 2005

Berlín I

Continuamos donde dejamos nuestra apasionante historia de amor y aventuras por Europa. Empezó todo con su pregunta de si estaba de interrail, una conversación típica de viajeros que empezó en el anden y la continuamos a bordo. La chica era una finalandesa que estudiaba Economía y estaba de interrail por las zonas de Europa Central y del Este ( como yo), se llamaba Emilia. Cuando subimos al tren, como era de esperar ya que la probabilidad establece que en un tren es muy dificil encontrar dos sitios juntos, sobretodo cuando uno ( el mio) lo tenía reservado y el otro no, teníamos sitios en diferentes compartimentos. Sin embargo no fue esta frontera para una incipiente amistad, así que estuvimos hablando en el pasillo y luego en mi compartimento aprovechando que uno de mis "cabin-mates" estaba missing, nos sentamos a charlar y ver todas las cosas que teníamos en común. Ella también iba a Berlín, pero aun no tenía residencia, yo iba a una que ya tenía reservada y le dije cual era; iba a llamar para ver si tenían más camas. Dios, que me proveió de una mente lasciva y completamente entregada a las practicas de Onán, fue, probablemente el culpable, de que le dijera un OK impregnado de cual sea el elemento opuesto al Bromuro. Pero el destino quiso que mi hostal estuviera lleno, y reservó en otro. De todas maneras cuando llegamos a Berlín intercambiamos teléfonos y esa misma tarde quedamos. Habíamos quedado en la estación de Alexanderpladtz a las 6, y me envió un sms diciendo que llegaría tarde ( lo que iba a ser la tónica cada vez que quedáramos, aunque por aquel entonces yo no lo sabía) y que venía con un amigo que había conocido en la residencia. Mosca. En fin, ¿ qué le ibamos a hacer?. Así que aparece tarde y con un guaperillas, con melena y barba de dos días a lo surfer. El chico era australiano, parecía majo, tonto pero majo. Así que empezamos a caminar hacia lo que pensabamos ( pensaba yo, pero es que tengo un poder de liderazgo turístico inconmensurable) que era el centro de la ciudad, vamos hacía donde iba una calle grande. A los 500 metros la finlandesa dice que ha visto que esa noche tocaba U2, como dejando caer : alguien se viene. Con mis reflejos de jedi le dije que a mi no me pillarían por ahi, no iba a pagar por ver a U2. El otro secundo la moción y se negó a ver a semejante elenco julandrón sobre un escenario y encima pagando. Así que la chica dijo que bueno, que ella si que iba, y que le disculparamos pero que se iba a cambiar y al concierto. Pues bueno. Así que el señor gambita y yo nos fuimos a caminar juntos por Berlín, nos cansamos pronto, y el tipo más soso que un plato de arroz blanco dijo que se iba a cenar. Me despedí de él, y me fui a mi residencia. En la que esperaba encontrar algo de fiesta, que la había pero el ir solo por la noche no ayuda, así que me fuí a dormir, y al día siguiente a un tour por la ciudad.

jueves, agosto 11, 2005

Otro día sin horas

lunes, agosto 08, 2005

Variadillo

Parece que la conspiración mundial para subirme la moral por momentos sigue su curso. Después de mi ingreso por minutos en el sano placer de sentirse atrayente ( que no atractivo), mis devaneos con la fama y gloria se centran en el ciberespacio. Por pura casualidad me ha dado por ver la estadísticas, ¿ qué pobre infeliz tiene tanto tiempo para perder como para poner a leer las estupideces vacias de contenido que escribo aquí? Pues parece que hay más de uno, y lo más sorprendente es la duración. Según la estadísiticas, que personalmente creo que en un momento perdieron el norte, ha habido más de una persona que ha pasado en mi página 20 minutos, es más hay una persona que estuvo 89 minutos. Vamos, por favor, ¿89 minutos?, no es que no haya cosas que leer, llevo mucho tiempo. Pero es que hasta yo me aburriría de estar hora y media leyendo las chorradas que me da por poner. En serio, que alguien necesita amigos, novia o un psiquiatra de urgencia.
Bueno sé que esperabáis algo de mi viaje, así que os dejaré con un cachito.
Mi viaje por Europa comenzó cuando el 6 de Julio dejaba a Fernando, que me había acogido por una noche, y tomaba un tren con destino Hamburgo. De hecho, fueron tres trenes pero bueno, obviemos momentos de desesperación y cansancio; pasemos a la acción. Llegué a Hamburgo y me estaba esperando una amiga, que me iba a enseñar la ciudad. Fue muy amable, y me consiguió una bici de una amiga suya. Así que estuvimos todo el día dando vueltas por la ciudad, con el correspondiente dolor de nalgas y muslos, que desconocería su potencial hasta la noche. Comimos en la Mensa de su facultad, comer bien y barato, mola... id a la mensa chicos. Vimos muchas cosas, que no me acuerdo demasiado, pero que estaban chulas. Dormí esa noche en una pensión. Al tumbarme en la cama noté como empezaban a hacerme cosquillas las piernas, los muslos me estaban bailando salsa y luchaban por desgarrar la piel e irse a secundar sus pasiones vete a saber dónde. El asunto es que no paró cuando me tumbé, es más, incrementó. Así que estuve durmiendo en una habitación de una pensión, con un dolor de piernas que me hacía encogerme en una bola; con una extraña sábana que solo cubría la mitad del colchón y con una almohada que no sabía si tenía funda o no. Curiosamente al día siguiente me levanté como una rosita. Pero claro, me existencia, como ya sabéis, no concibe el estado de "no problemas", y la noche anterior me llamo mi amiga diciendome que me había olvidado en su residencia la reserva del tren, y que bueno me la traería al hotel por a las 10 de la mañana. A las 9 y media yo ya estaba desayunado y preparando la maleta, no me duché porque no quería que me llamara cuando estuviese en la ducha y perdiera la reserva. 10... y cuarto... y media... casi las once, mi tren sale a las 11 y media, pues nada me voy sin reserva. Llama mi amiga, se ha dormido, me la traerá a la estación. Bueno todo resuelto, llega a tiempo. Bajo y encuentro a una rubia muy guapa con una mochila como la mía, y un billete en la mano. Me sonríe, se acerca y me dice ¿tú también estás de interrail?
To be continued...

viernes, agosto 05, 2005

El retorno del "lledai".

Cierto es que he vuelto a España. Un par de comentarios, en el post anterior, hechos en los últimos días me han recordado que tengo un blog ( varios, pero dejémonos de vanidades ); así que me dispongo a retomar esta tragicomedia que es el relato, sesgado, de mi vida.
Es comprensible que para recomenzar tome como punto de inicio mi vuelta a España, sé que muchos estás impacientes de que relate con extremo detalle las aventuras más sucias que me hayan ocurrido por mis viajes europeos. No obstante, éstas os defraudarán ( me han defraudado incluso a mi) y las dejaré para siguientes posts.
Mi regreso a la provincia carpetovetónica que figura en mi DNI, ha sido muy relajada. Me habían hablado mucho del síndrome post-erasmus, y todas sus malignas consecuencias, que van desde el apuntarse a una academia de español, para conocer más chiquitas extranjeras, al suicidio por inhalación de gas. Lo veo de un dramatismo exagerado, yo he vuelto y tanto mi cuerpo como mi mente nos hemos acostumbrado con pasmosa prontitud a los bocadillos de calamares, a la paella de marisco y demás manjares ignorados por los bárbaros del Norte. Sol, playa y marisco vendría a ser lo que representa, ésta, la tierra que piso. También tengo que admitir que mi reencuentro con tribus urbanas que, sin exagerar, me sacan de mis casillas; me ha recordado las calles danesas limpias de maquineros, horteras, y demás gente de la farandula hispana. ¿Qué le vamos a hacer? He sido compensado por otra parte con féminas que se contonean a mis alrededores y que si les miras, te miran y sonríen ( cambio cualitativo en mi vida vanido-emocional). No es por ir de sobrado ( aunque sí), pero el otro día unas chiquillas de unos 17 años me pararon para hacerse una foto conmigo, que decían que era muy guapo. Obviamente, yo, lejos de ser un gigoló, soy bastante tímido y nerviosillo, no sabía que decir y seguro que me puse rojo. Pero vamos, una de estas cosas que te suben la moral; he llegado a pensar que fueron mis padres que me quieren mucho, y convencieron a las niñas para que me dijeran cosas bonitas, y así, me sintiera mejor en casa.
Bueno, básicamente éste ha sido mi aterrizaje en la costa levantina, en la ciudad de las naranjas. Seguiré narrando mi aterrizaje y mis aventuras europeas.
Os quiere.