viernes, septiembre 30, 2005

Berlín II

Joe si es que no estoy yo inspirado y me hacéis escribir ( gracias). Bueno, para los que aun sigan llegando a este blog, que sólo Dios sabe como eso puede acontecer si no se es Fede, Jose o Fer, leed los posts anteriores para seguir la historieta.
A ver, nos situamos en el segundo día en Berlín, la golfa finlandesa se había ido a ver al elenco homosexual de U2, yo me había ido a mi residencia a ver si tenía fiesta y el australiano vete a saber en que prostíbulo acabaría. El caso es que al día siguiente me decido a hacer un tour por la ciudad andando, un tour que era gratis, bueno la donación, creo que le dí 50 céntimos, en fin. Llega la hora de comer, un descanso y veo un sms en el móvil: la finlandesa, que si quería quedar con ella. Qué colipoterra, ¿qué le iba a decir?, pues eso, "que acabo el tour y nos vemos donde quieras". Acabé el tour, que por cierto estuvo muy majo, y a continuación quedé con la finny.
Hola, qué tal, muy bien, tu, también, ¿qué hacemos?. Pues vamos al museo judío, pues vale. La niña me dice: que tengo que coger tal y cual. La lucecita se enciende en mi mente: "esta tarde pincho". Vamos hacía su hostal, todo guay. Metro, llegamos, llueve, hablamos de estudios, de la carrera, vida y milagros. Y no sé por qué me pregunta, ¿cúantos años tienes? Yo que soy una persona honrada, pero no me pillarán dos veces por el mismo sitio ( ya os lo contaré en otra ocasión), dije que 22, vaya que me quedaban 20 días tampoco era tan grave. Se me queda mirando con cara estupefacta y suelta un quejumbroso: creía que tenías mi edad. Yo, rápido y fugaz, le digo, yo también. Con lo que contesta con un demoledor "tengo 26". ¿ 26 años? Qué carajo hacía viajando con el interrail, este tipo de cosas distorsionan los viajes. Pero nada, yo supercalmado ( o supercachondo, ya no lo recuerdo), le cojo del brazo y le digo pues nada abuela, llévame. Me lleva, subimos a su habitación y me dice espera que me cambio. Vuelve la luz, el Señor ha escuchado mis plegarias y me va a poner a una nórdica en bandeja. Y me la puso en bandeja, pero de salida. Se mete en el baño, se cambia me deja sentado en la cama, sale y nos vamos. Conforme salíamos intentaba recordar qué había fallado. Quizá todo.
Pues vimos el museo, se me puso a llorar en una cosa que era muy emotiva, me abrazó. Yo pensando "Quique no es el momento, pero si le tiras bocao ahora no puede decir nada, es la emoción". Pero nada, acaba, nos vamos, y por la noche a salir un ratillo.
Vamos a un sitio que me había dicho que era supermolón, un bar que se entraba por una alcantarilla y tal. Llegamos y era una casa okupa con efectivamente una entrada por la alcantarilla, entramos y salimos ( la finlandesa y yo, obviamente). Nos sentamos en un banco, y hablamos de tonterías varias, me dice "estoy cansada vamos a casa". Mi mente vuelve a encenderse ( estaba hibernando), ¿vamos a tú casa? ¿ vamos a mi casa? ¿cada uno se va a su casa?. La fatalidad del destino condujo al evento que ya predecís. Y yo acabe en mi residencia, otra vez solo, entregandome con pasión a las prácticas de Onán. Al día siguiente me hice otro tour, este de pago, y al otro a Varsovia. Ya contaré.