domingo, noviembre 27, 2005

Praga

La siguiente secuencia de mi Odisea personal se centraba en un país ligeramente más desarrollado. Lo que no evitó que un servidor tuviera un par de percances, sin importancia. Tranquilos queridos lectores, nadie sufrió daños durante el rodaje de este blog.
El primer asunto fue que me costó unos 5 minutos de pseudo-conversación con la cajera para conseguir la información necesaria sobre los horarios de tren. La conversación en inglés fue la siguiente:
- Por favor, ¿el siguiente tren hacia Praga?.
- Para cúando.
- Para hoy, ahora, ya.
-¿Mañana?
-No, ahora, el siguiente a las 12 o por ahi ( eran las 11 y media).
- Sí, hay uno a las doce.
-Sí, ¿pues me da uno de esos?
-Sí, claro.
-Voy con el interrail, ¿tengo que pagar algún extra?
-No.
Se acaba la conversación, vuestro querido viajero se sube al tren. Me encuentro a un tío muy majo de Sevilla, conversación agradable. Él se baja en Eslovaquia. Sigo mi camino, pasa el revisor, conversación con el susodicho, empieza él:
- Este es un tren expreso (¿ quién lo diría de esta cafetera a pilas?)
- Ah... interesante.
- Tienes que pagar un extra ( mierda mierda mierda, zorra... lo sabía...)
- Vaya, pues nada, tome.
- Si lo hubieses pagado en taquilla hubiese sido la mitad el suplemento ( ZOOOORRAAAAA...)
- Ya bueno es lo que tiene, el milagro de la comunicación.

Bueno sigo el viaje, tenía que bajar en Osdrava ( no me acuerdo del nombre), así que llegamos a una estación que pone Osdrava. Me bajo. Voy al cartel con los trenes que pasan. Problema al canto, esto es Osdrava Kafelnikov (por ejemplo) y yo tenía que bajarme en Osdrava Molotov. Pasaba un tren hacia Praga pero pasaba ... hacía 10 minutos. Subo a las taquillas, comento mi problema. Me dan otro billete. Bajo, reflexiono. El tren que iba a coger pasaba por la siguiente estación también. Así que todos los trenes pasaban por las dos. Mi tren había ido con retraso. Kike, acaba de perder el tren que tenía que cojer por haber subido a las taquillas. Dos horas de espera, y un sentimiento de "soy el tío más lerdo de la galaxia ( entiendase la vía lactea, no conozco más allá)". En fin, esperé, llegue tarde. Allí me esperaba Fede. Más aventuras en Praga

jueves, noviembre 10, 2005

Krakovia

Dejamos el tema en que me dejo a una novia en Varsovia y un escozor en Berín con la fini. Así que pongo rumbo a Krakovia. La estación también es del estilo tercermundista tardío, y la impresión al llegar fue un poco de "aquí me van a quitar hasta los calzoncillos", pero conforme sales de la estación todo se hace más normal. Yo creo que es una política polaca para acojonar al turista nada más baja del tren.
Total, que toca el pateo que viene siendo típico para recorrer el trayecto "estación-hostal". Llegó, un sitio mono, pequeño, y sin mucha gente. En fin, que me voy a dar una vuelta. Antes le pregunto a la chica que está en la recepción del hostal, que dónde ir y todo ese rollo, que tan bien estoy aprendiendo a soltar en este viaje. Allá me voy a ver las cosas típicas de la zona. Que si el castillo, que si el centro, que si el mercado. Pum, todo visto... genial... esto de ir tan rápido hace que te fundas las ciudades en un momento. Así que sigo mi paseo intentando buscar calles por las que no he pasado. Como va a ser la tónica en mi viaje, aparecen las casualidades. Le envio un mensaje a la finlandesa, en plan de qué tal le va su viaje. Me contesta que está en Krakovia, total que quedamos a tomar algo. Nada, a dar una vuelta por lo que yo ya había visto. Y luego un rato en un parque escribiendo cada uno sus delirios, yo me las daba de escritor, y ella idem. Lo de siempre, conversaciones que no llevan a ninguna parte. Vamos, lo que comunmente llamamos, marear la perdiz. Al final nos vamos, le acompaño a su hostal, me dice que esta noche saldrá que si eso me llama. La muy guarra, no llama. Y además habíamos quedado para el día siguiente, para dar una vuelta y tal. Al día siguiente no llama, y me casco otra vuelta por la ciudad. De la que ya me conozco cada palmo. Más casualidades, me encuentro con un grupo de madrileños que conocí en Berlín. Paso la tarde con ellos, genial. Y al día siguiente decido irme a Auswicht. Por la noche hacemos grupillo en la habitación de mi hostal. Hablo con las chicas,... yo siempre pensando en lo mismo. Al final una tia superrara alemana, medio me tira los trastos pero se va a dormir, me da su teléfono. Y yo pensando: ¡ pero si yo quiero pinchar ahora! . Pero bueno, conozco a dos tipos, cada cual más raro que al día siguiente iban a ir a Auswicht.
Al día siguiente, nos encaminamos a la estación de buses. Menudos buses, peores que los trenes. Destartalados, asfixiantes, en fin. Se me coloca al lado una pavita, americana. Y yo, que con el viaje se me estan iendo las vergüenzas, empiezo a darle palique. Así que nada, nos bajamos del bus, voy con la chica esta y una amiga suya, y con los dos freaks estos. Los freaks dicen que no pagan por el tour, y yo: yo he venido para el tour, hacer lo que queráis. Las chicas dicen, nosotras hemos pillado entradas para el tour. Kike dice a los chicos, nos vemos en la residencia.
Podréis pensar que hay que ser un desgraciado para estar de tira-trastos en Auswitch, pero vamos yo hice una doble perspectiva. Conocí a su amiga, que en el fondo era mucho más simpática, y yo creo que me la camelé, pero faltó rematar. Y como todos estáis pensando me volví a casa como siempre, solo y sin cenar.

martes, noviembre 01, 2005

Varsovia II

Sí, pensabáis que no iba a haber una nueva entrada hasta bien entrada la Navidad; pero no. Chicos, me estoy cogiendo de nuevo.
Veamos, dejamos la historia en que un servidor aburrido cual ludopata en Molinos de San Cucufate de arriba, había parado en medio de una calle a una preciosa muchacha ( esas cosas me las pega José "El Cartagenero", yo debería decir esa "chiquita cachonda", pero me estoy reformando) y me disponía a andar con ella. Claro, cuando me sonrió y me dijo que sí, pensaba que Dios era bueno y se iba a resarcir conmigo y poner ese monumento eslavo a mis pies. Me llevo a un parque en el que había una tumba de lo que entendí un militar que fue muy bueno porque liberó el país de no se qué, vamos un dictador bueno, creo. Le iba a comentar que nosotros también tuvimos uno que queríamos que reventara en trozitos, porque lo que se dice bueno no era, y al final solo uno de sus amigotes acabo saltando sin pértiga. Una pena, pero es lo que tiene la vida. En fin, que la muchacha ( josé te odio, no se dice muchacha) siguió andando y llevandome por sitios. El punto más bonito, no todo va a ser lascividad y perversión desmesurada, fue cuando llegamos a una calle y ella quería ir a un parque, y le dije que era hacia la derecha. Ella me dijo, que no, que era a la izquierda. Total, que tirando de técnicas de guerrilla le dije: "te apuesto una cena a que es por la derecha" ( para quien no lo pille: tanto si pierdes como si ganas tienes una cena con ella). Me dijo que una cena era dinero, que se apostaba un plátano. Claro mi mente que ya rozaba los 200 grados centígrados, pues se veía ya en un rincón de la ciudad dandose el lote con la polaca. Total que andamos hacia donde yo decía, y le di a entender que tenía razón. La chica se lo creyó ( era verdad, llegamos bien) y pilló en un puesto que había por la calle y compró dos plátanos. Total, que nos comimos los plátanos. Seguimos andando y hablando, sobre nuestros países y cosas así. Le llamaron las amigas de la casa donde dormía, y dijo que se tenía que ir. Así que le acompañé al autobus, le di un abrazo, un encantado de conocerte y que te vaya bien. Mientras, el angelito que me sale en estos momentos me decía "metete en el bus y ves con ella", y el demonio sólo hacía signos obscenos. Total que me volví a mi hostal, contento pero excesivamente hormonado. Así que dije, esta noche en el hostal conozco unas cachondas noruegas. Así que me fui al bar, y me puse a jugar al solitario con mis cartas. Técnica de guerrilla #2. Funcionó a medias, vino un chico que tendría 18 años. Estuvimos hablando, estaba as hot as churrero's stick, y que esa noche iba a ir de fiesta con otro que había conocido en el hostal. Yo le dije que al día siguiente me iba a Krakovia, que pasaba. Y este me decía en voz baja, no te hacen unas pastillas. Y yo... anda qué... es que tendríais que verlo, era un inglés de 18 años, con una pinta de freaky indescriptible. Así que me acabé iendo a dormir, y una china que dormía en mi habitación se me puso a hablar. Claro, entre que estaba cero de buena, y yo estaba cansado, le dije " sí, ...sí,... sí,... ajá... buenas noches". Al día siguiente en Kracovia me esperaban sorpresitas.