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Mostrando entradas de agosto, 2006
La historia de alicia


Pocos saben que en los albores de mi existencia yo no era Kike. Me explico. Cuando yo era sólo un nasciturus el ginecólogo de mi progenitora afirmaba con rotundidad que aquello que era feto, y que más tarde sería una persona con brazos, piernas y demás accesorios, sería una bellísima y cándida fémina. Es decir que Kike en aquellos momentos estaba desprovisto de su virilidad.
Con aquella información, mis padres tenían en la cabeza que yo sería una linda muchachita, así que me llamaría Alicia o Ana ( a que me pega).
Claro menuda sorpresa sería si en el parto apareciera yo con dos cordones umbilicales. Bueno, la cosa es que por alguna razón fueron a otro ginecólogo, que además de ser ginecólogo era más marica que un palomo cojo, tras una ecografía dijo: " que a su ginecólogo Santa Catalina le conserve le vista, porque este niño se podrá ganar la vida con esa chufa". Ni que decir tiene que el tipo acerto sólo en parte, ya que aunque sí que tengo un instrumento…
Como todos bien sabéis soy un gran amante de las "logías" y por ello paso gran parte de mi tiempo en las disertaciones y análisis de las cuestiones que considero importantes. El asunto que, hoy, sobrevuela mi cabeza tiene que ver con la que llamamos Teo, es decir, la teología, que, aunque muchos lo piensen, nada tiene que ver con los libros infantiles de un mocoso pelirrojo. Teo viene de Tao, y Tao viene de China, y como todos bien sabemos los chinos tienen la religión verdadera, para algo son más que nadie en el planeta.
Una vez centrados en el hiperplano al que nos referimos planteémos la cuestión. En algún texto bíblico, o en más de uno, ya no recuerdo, se plantea que los buenos irán a la izquierda de Dios padre y los malos a la derecha; perdón, al revés, me traiciona el subconsciente. Los malos a la izquiera y los buenos a la derecha. Ahora bien, cuando uno se incorpora al mundo de los no vivos entre purgatorios y limbos, supuestamente entra de cara al Señor y lo tiene de…
En nuestras salidas nocturas, que todo prometen y nada dan, suele darse la misma estructura siempre. Vamos a un sitio de sentarse y tomar algo; luego zanganeamos por los pubs en busca de muchachas inquietas y, cómo no, de dudosa moral; ante la falta de feedback decidimos recoger el campamento y mañana será otro día; y justo entre ese momento y el introducirse en el vehículo que nos llevará a casa hay un lapso de tiempo en el que las cosas se distorsionan ligeramente y se realizan una serie de cosas de las que nadie puede estar orgulloso ( actos vandálicos de poca monta, injurias a las autoridades, piropos a jovenzuelas de 47,...).
Aquella era una noche que frente al hunter-móvil se finiquitaban los ultimos resquicios etílicos de la noche intentando urdir un plan para extenderla lo más posible ( ya se sabe que cuanto más larga es la noche más posibilidades se tiene de encontrar la mujer de tu vida).
Por el horizonte se acerca un Mini Cooper, y a escasos metros una moto. Se acercan y se p…
En el día de ayer, en mitad de una apoplejía nostálgica, me dio por buscar fotos de Aarhus, la ciudad donde estuve viviendo un año como erasmus. Bueno, lo primero para buscar alguna cosa es preguntarle a Google, pero como al fin y al cabo siempre te saca mil páginas antes de encontrar algo que merezca la pena me decidí por otro camino: la web del garito a donde íbamos todos los estudiantes.
A qué mala hora decidí hacerlo, me perdí en la vorágine virtual de cientos de diosas nórdicas en poses más que sugestivas. Y en medio de este colapso nervioso de la zona más meridional de mi alma encontré un par de fotos que salía un servidor, en medio de otra vorágine más física. Nada revelador, esperaba encontrar a alguna de aquellas aves de paso que depositaron su confianza en mi. Pero nada más lejos que un par de simples fotos de mi cuerpo serrano moviéndose al ritmo frenético del dance más comercial. Con la post-depresión post-erasmus me fui a la cama. Quién fuera naranja roja.
En el aeropuerto, terminal 2, gate B37, sentado en un banco, más bien hundido en él. Comprobando cada cinco minutos que tenía el billete y que ningún criminal un poco cabrón le haya podido robar el billete para subir al avión a pesar de que lleva su nombre. Bueno, comprobado, otra vez.
Con los auriculares del mp3 hincados en los oídos no recuerda ninguna espera en aeropuertos que no haya ido con los auriculares puestos.
Le daban pereza las colas, la gente de pie tanto tiempo, el saber si tendrá sitio en los compartimentos del avión para su equipaje de mano. El doble bombo le estaba haciendo latir el corazón al doble de velocidad de la adecuada para estos casos, y subió el volumen hasta que sentía cada impacto detrás de los ojos.
Llaman a embarcar. Por fin. Cruza su mirada una dulce muchacha de tez pálida, casi transparente, y sonríe. Por fin, un ligue de avión. Acto seguido se le suben a la pierna dos churumbeles que inequívocamente eran su prole. Lo dejaremos para otro día.

Las puertas d…
Caminaba sin destino, como cuando buscas algo y no sabes exáctamente qué es. Deslizando la mano sobre la barandilla, sin llegar a tocarla más que en choques fortuitos.
El cielo era gris, como casi cualquier día en ese país. Pero se sentía cómodo en esa meteorología, le agobiaba el sol y su felicidad aparente. Los días grises tenían, paradójicamente, muchos más matices.


Llegados a este punto el tema es pegarle una patada al protagonista y tirarlo por la barandilla del Támesis, seguro que ya imaginabáis que era Londres. ¿ Por qué? No hay "porque"s la mayoría de las veces, así que en este caso tampoco. Quizá sea suficiente el decir que estoy en Sin títulos, y que en Días sin horas ya he escrito esta semana en exceso. Así que el protagonista se ahoga y se muere. ¡Ah! Se siente, soy como Benigni, primero hago que te encariñes con el personaje y luego lo mato. Es algo muy cruel, ese Benigni es un poco cabroncete; le deberíamos tirar al río o hacer que lea más a Bukowski. El "bu…
Cuentos de la naranja roja

Llevaba toda la mañana sentado en esa jodida cafetería. Olía a refrito y a rancio, ambos olores a la vez, integrados, adheridos, penetrando en su nariz y haciendole sentir las nauseas de forma intermitente.
Era una cafetería de mierda para gente de mierda. Él se pasaba allí las mañanas, no trabajaba ni producía nada. Cuando era joven heredó una pequeña fortuna y planeó un gasto mensual para no tener que volver a trabajar en de su vida. No se podía permitir muchos lujos, pero se pasaba el día entre bares y prostíbulos baratos. De hecho era allí donde se encontraba a la gente más interesante. Alguna vez había acudido a sitios con más alcurnia pero se aburría como en aquellas misas del pueblo en las que el cura sólo decía gilipolleces al granel.

Y esa mañana era exáctamente como cualquier otra que recordara, que eran las menos. Tenía en la mano un periodico que ni se había molestado en abrir, ignoraba hasta la fecha de impresión. No le importaba lo que dijera. Más…
Manatí refulgente

Curiosamente, si en el Google buscas: "ligar danesas"; la primera entrada que te sale es este esplendoroso blog, que lejos de cualquier cosa te explica como ligar con las danesas.
Si bien es harto dificil ligar con nuestras paisanas las españolas, lo de hacerlo con las danesas es tarea casi imposible.
Pero no os desanimeis, buscadores de caminos nórdicos, yo os daré un par de consejos, que aunque no os vayan a servir mucho en la práctica pueden hacer las delicias de vuestros contertulios en una charla para poner a parir a las bellezas vikingas.
Primer punto. Las danesas funcionan por estímulos físicos, no intentéis venderos como el romántico carpetovetónico dispuesto a llevar una rosa atragantada por ellas. No, demostradlo directamente; poned vuestra peor cara y afilar los ojos, acercad vuestro asimétrico cuerpo a su cálida cadera y rezad a Odín. Si no funciona ves a por la siguiente, probablemente no encuentres más de 7 diferencias.
Segundo punto, y último, que…
¿Alguna vez habéis intentado filosofar y filosofar hasta el punto en el que has llegado al punto de partida sólo que ahora estás defendiendo lo contrario? Es curioso cuanto podemos llegar a hablar sin tener demasiado que decir, rizando palabras y poniéndoles lacitos que pongan "Made in RAE". Bueno, es de vez en cuando te pega bocados, y son muy poco compasivos y suelen morder en la yugular. Supongo que por dos razones: a\ puede matarte; b\ duele un huevo, te duele hasta en el ego.

Así que con este ánimo reanimo este blog, para hacer de mi filosofía de manatí zíngaro una vía de escape. Porque aunque mi vida esté llena de ventanas en blanco y negro, también hay manatíes asomados a ellas.