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Mostrando entradas de enero, 2007
Me desperté, aun era de noche. Tarde en reaccionar y asociar el tener que abrir los ojos al poder saber en qué hora estaba viviendo. Abrí un ojo y vi que las luces rojas tan rectilíneas como siempre marcaban las 5:23. Mi brazo topó con otro brazo, un brazo inánime y dormido. Acabé de salir del sueño y recordé a la chica que había conocido la noche anterior, que pese a que no era especialmente guapa, tenía unas curvas que no se pueden rechazar tras meses y meses de solterío y sequía. No es que no se pudieran rechazar, tanto como que no puede evitar el intentar meterla debajo de mis sábanas. Esas sábanas medio enmohecidas que no cambiaba desde hacía meses, ya que el otro juego de sábanas se rasgó. Jugando con las sábanas me di cuenta de que no eran mis sábanas, de hecho mi tampoco mi reloj, mi reloj tenía luces verdes. Estaba en su casa. Seguía sin despertarme del todo. No había bebido mucho, no era que no recordara nada, sólo que aun se me entremezclaban los sueños y las costumbres.
Gi…
A petición popular ( gracias Esther)


Contradecía el tiempo a la estación y el termómetro acariciaba los 10 grados cuando los libros decían que aquí y ahora tendría que hacer menos 4 grados. Me anclé a un banco de aquel parque, que tenía poco de parque y bastante de planicie sin edificar, desde que me había levantado notaba en mis manos un delicado aroma a canela y vainilla. Me había levantado casi a las doce del mediodía, un pinchazo en la espalda me provocó el flash de una caída, no sabía no cómo, ni cuándo, ni dónde. No me apetecía recordar, no solía hacerlo, lo pasado, pasado estaba.

Hundí la cabeza entre mis manos, disfrutando de ese olor que se iba apagando poco a poco. Era un Martes pero se sentía como un Domingo. Realmente, desde que dejé aquel puesto como contable de clase b, todos los días me sabían a Domingo. Parecía que al día siguiente tuviese algo que hacer. Pero no había nada que hacer, sólo el vacío de pasar los días vagabundeando. No necesitaba el trabajo, mis padres me …