Ir al contenido principal
Las cadenas del saber

Siguiendo el ciclo de filosofía y paranoias, y también finalizándolo. Lo finalizo porque mañana quiero escribir sobre imagenes y relatos que se me han pasado hoy por la cabeza.
Bueno la idea que hoy os voy a contar, como es usual no se como empezó. Esta idea venía de preguntarme si realmente no seriamos ( la humanidad en general) más felices si no hubiesemos " evolucionado " tanto, no creéis que estaríamos mejor en un mundo en el que si quieres comer te adentras en el bosque a cazar y ya esta, el resto de día a tertuliar y reflexionar. Tanto necesitamos los coches, los edificios,... pensadlo no es un mal trato. Dandole vueltas me di cuenta de que esa idea, aunque suponía que no era mía, me sonaba más de la cuenta.
Y pronto caí en ello, ... a nadie le suena el rechazo del paraiso por el conocimiento. Sí, en efecto, Adan y Eva y la manzana ( fruto del árbol del saber). Así que la idea tampoco es demasiado actual, con lo "poco" que conocían en aquella época también pensaban lo mismo.
Por la vigesimotercera vuelta que le daba al tema, me acordé de mi gran afición: la música. Un mundo como el que planteaba ofrecía poca música. Inmediatamente acuden a mi mente cosas que realmente me gustan y que por supuesto no figurarían en ese mundo potencialmente perfecto: libros, telecomunicaciones (muy obvio, pero se me ocurrió luego), viajes,...
El mundo perfecto empezaba a caerse, y me sentia enamorado de mis cadenas: aquello que te atrapa te hace feliz. Rechazamos ese posible paraiso, para construirnos el nuestro propio. Como último golpe de efecto para no dejar las cosas demasiado obvias: Lo que nos hace feliz es el resto de la gente, no las cosas; así que en el posible paraiso seríamos más felices, ya que nos dejaría más tiempo para las relaciones humanas.
Que cada cual saque sus propias conclusiones, ¿pastilla roja o pastilla azul?.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Doblar una esquina Sabios de todas las civilizaciones han debatido infructuosamente sobre el curioso fenómeno de doblar esquinas. Dos planos perpendiculares que forman una estructura tan rígida que ningún ser humano es capaz de alterar con sus propias manos, pero que hasta el más torpe es capaz de doblar. Pese a que lo habitual es doblarla andando, también se puede hacer corriendo, saltando, en bicicleta e, incluso, haciendo la croqueta.  Por lo que tengo entendido fue Periacóntodo, filosofo griego y panadero en su tiempo libre, el primero en identificar este fenómeno. Pese a ser ninguneado por sus coetáneos - a Zenón de Elea le pareció una idea absurda incluirlo en su libro de aporías - sus ideas han transcendido hasta la actualidad.  Fue desafortunado que Periacóntodo vivirá en la única aldea de Grecia menor en la que no se diferenciaban los conceptos de interior y exterior. Dicha particularidad supuso que fueran esquinas tanto el cruce exterior de los muros co...
Sería el crujido de los neumáticos, o quizá la noche, más que la noche la imposibilidad de que fuera cualquier otro momento del día excepto la noche. El abrupto deslizarse del automóvil por aquel camino sin asfaltar, atravesando el polvo en suspensión y moviéndonos a espaldas de las casas que tenían ventanas apagadas de gente durmiendo. Esa gente que se dormía a las once para trabajar al día siguiente, esa gente que encontraba su realización en la jornada de ocho horas y una familia que apagaba su vida al encender la tele. Nos sentíamos guardianes de sus sueños, Morpheos, viviendo lo que ellos sólo anhelaban inconscientemente porque habían dejado de anhelar al tiempo que aprendieron a callar. Colándonos por las rendijas de sus contraventanas para desnudar su lívido, para crispar su aceptación muda de la realidad. Nosotros que mirábamos esas ventanas mientras nos comíamos a besos y nos desnudábamos del todo, anhelando el siguiente beso y el siguiente gemido. Nosotros que eramos los rey...
A veces me gustaría escribir como Pau , joder qué fluidez, yo que me atranco con los reniegos pseudorománticos que no llevan a ninguna parte. Tengo que desarrollar más aptitudes literarias. Pero no sé de qué escribir. Estoy muy ilusionado con lo que estoy viendo aquí, tengo proyectos ideas y un montón de cosas que voy a disfrutar. Pero no me apetece hablar de eso. Sinceramente, creo que no podría. Siempre la misma referencia de amor y enamoramientos. Claro que hay, siempre acaba uno siguiendo alguna falda, aunque podría ser cualquier otra. Pero es esa porque te sonríe mucho o te roza de vez en cuando la mano. Y empieza la estúpida frustración de pensar que no le gustas. Que probablemente sea verdad, pero al fin y al cabo, todo va sobre convencer y conquistar. Con alguien discutía el otro día que si esperabas a que una chica viniera a decirte lo guapo que eres y lo muy enamorada que está de ti lo llevaba claro. No me canso de las faldas pero me canso de hablar de ellas. Me da miedo cans...