Ir al contenido principal
Mi ventana

Bueno tenía ganas de volver a mostraros trocitos de mí. Esta vez os hablaré de como me embeleso mirando cómo se mueve el aire. No sé a cuanta gente le pasará pero para mi el aire es como el fuego, me podría pasar horas mirando cómo se mueve.
Sentarse en un banco, con el viento acariciándote la cara como si de un amante apasionado se tratase, y observar fijamente esa hoja que va danzando hacia un lado y hacia el otro. Parece que este bailando para ti, intentando engañarte con el siguiente movimiento que va a hacer. Disfruto como un niño pequeño, supongo que me resulta muy sugerente y empiezo a pensar, a imaginar, a viajar,...
Pero mi momento con el aire más sugerente es cuando estoy estudiando y me da por mirar por la ventana que tengo enfrente de mi mesa ( tengo que hacerle una foto y ponerosla). Hay un árbol justo delante, a un par de metros, y si me pongo música ( para ese momento, mi momento, la banda sonora de la pelicula "Piano") y miro por la ventana, lo minutos se me escapan. Ver el árbol doblarse con la fuerza del viento, pero se mueve suavemente aunque rápido. El aire se cuela entre las hojas, y las hace bailar, y bailan al ritmo de mi música. Mientras el horizonte se va oscureciendo y florecen luces naranjas, que motean el límite entre el cielo y la tierra. Pasados unos minutos todo está oscuro, pero adivino los moviemientos que sigue haciendo mi arbol; y miro las luces, y busco la luna, y me doy cuenta de que se me pasa la tarde mirando por la ventana. Creo que lo mio con las ventanas es muy raro. Me encanta mirar el mundo a través de una ventana.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aquel lugar olía como un camión abandonado, o al menos eso era lo primero que se le venía a la cabeza al pensar en ese olor a húmedad, a cerrado, humo de tabaco, a sudor y a alguna otra cosa imposible de descubrir. Aunque le repgunaba el lugar no podía dejar de sentir esa suave atracción por ella cada vez que se agachaba y dejaba entrever lo que ocultaba su blusa. Lo había hecho ya varias veces, y cada vez, le daba más la sensación que lo hacía a propósito. Y no porque él le gustara, si no porque ella quería gustar. Era algo parecido a un tanteo de fuerzas, un " a ver hasta donde llego". La música seguía sonando, estallando contra las paredes que temblaban a cada beat . Era un sitio pequeño, oscuro y ruidoso. Pero aun así lograba concentrarse sólo en el pecho que ella movía desde sus hombros, y no en su cara que se perdía en una lluvia de luces multicolor que deslumbraban intermitentemente, y no permitían ver nada con claridad. Él se acerco. - Te invito a tomar un café - No -...
A veces me gustaría escribir como Pau , joder qué fluidez, yo que me atranco con los reniegos pseudorománticos que no llevan a ninguna parte. Tengo que desarrollar más aptitudes literarias. Pero no sé de qué escribir. Estoy muy ilusionado con lo que estoy viendo aquí, tengo proyectos ideas y un montón de cosas que voy a disfrutar. Pero no me apetece hablar de eso. Sinceramente, creo que no podría. Siempre la misma referencia de amor y enamoramientos. Claro que hay, siempre acaba uno siguiendo alguna falda, aunque podría ser cualquier otra. Pero es esa porque te sonríe mucho o te roza de vez en cuando la mano. Y empieza la estúpida frustración de pensar que no le gustas. Que probablemente sea verdad, pero al fin y al cabo, todo va sobre convencer y conquistar. Con alguien discutía el otro día que si esperabas a que una chica viniera a decirte lo guapo que eres y lo muy enamorada que está de ti lo llevaba claro. No me canso de las faldas pero me canso de hablar de ellas. Me da miedo cans...
Se sentó en el banco de piedra. Cerró los ojos para mantener en su mente la imagen de los árboles y el césped de un verde intenso. Paró todos los pensamientos que podía parar, y se centró en su respiración, en las inspiraciones y en las expiraciones. El aire entraba por la nariz, pasaba por el pecho y tocaba el estómago, hacía el camino inverso y salía por la boca.  Siguió así hasta que noto que el exceso de oxígeno le daba esa extraña sensación de salir de sí mismo. Podía verse desde fuera, y su yo observador no era más que un halo sin forma que podía ver. Se sentó a su propio lado. Concentración. Cuando dejó de escuchar su propia respiración pudo escuchar la suave brisa que remecía las hojas. Más, más intenso. Se olvidó del viento y de las hojas, y de su respiración. Más allá, le empezaban a pitar los oídos de la intensidad con la que se concentraba en ellos.  Lo consiguió, escuchó la hierba crecer, en su infinitamente pequeño movimiento. El crujido de la hierba auto-creándose para a...