Ir al contenido principal
Mi ventana

Bueno tenía ganas de volver a mostraros trocitos de mí. Esta vez os hablaré de como me embeleso mirando cómo se mueve el aire. No sé a cuanta gente le pasará pero para mi el aire es como el fuego, me podría pasar horas mirando cómo se mueve.
Sentarse en un banco, con el viento acariciándote la cara como si de un amante apasionado se tratase, y observar fijamente esa hoja que va danzando hacia un lado y hacia el otro. Parece que este bailando para ti, intentando engañarte con el siguiente movimiento que va a hacer. Disfruto como un niño pequeño, supongo que me resulta muy sugerente y empiezo a pensar, a imaginar, a viajar,...
Pero mi momento con el aire más sugerente es cuando estoy estudiando y me da por mirar por la ventana que tengo enfrente de mi mesa ( tengo que hacerle una foto y ponerosla). Hay un árbol justo delante, a un par de metros, y si me pongo música ( para ese momento, mi momento, la banda sonora de la pelicula "Piano") y miro por la ventana, lo minutos se me escapan. Ver el árbol doblarse con la fuerza del viento, pero se mueve suavemente aunque rápido. El aire se cuela entre las hojas, y las hace bailar, y bailan al ritmo de mi música. Mientras el horizonte se va oscureciendo y florecen luces naranjas, que motean el límite entre el cielo y la tierra. Pasados unos minutos todo está oscuro, pero adivino los moviemientos que sigue haciendo mi arbol; y miro las luces, y busco la luna, y me doy cuenta de que se me pasa la tarde mirando por la ventana. Creo que lo mio con las ventanas es muy raro. Me encanta mirar el mundo a través de una ventana.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Doblar una esquina Sabios de todas las civilizaciones han debatido infructuosamente sobre el curioso fenómeno de doblar esquinas. Dos planos perpendiculares que forman una estructura tan rígida que ningún ser humano es capaz de alterar con sus propias manos, pero que hasta el más torpe es capaz de doblar. Pese a que lo habitual es doblarla andando, también se puede hacer corriendo, saltando, en bicicleta e, incluso, haciendo la croqueta.  Por lo que tengo entendido fue Periacóntodo, filosofo griego y panadero en su tiempo libre, el primero en identificar este fenómeno. Pese a ser ninguneado por sus coetáneos - a Zenón de Elea le pareció una idea absurda incluirlo en su libro de aporías - sus ideas han transcendido hasta la actualidad.  Fue desafortunado que Periacóntodo vivirá en la única aldea de Grecia menor en la que no se diferenciaban los conceptos de interior y exterior. Dicha particularidad supuso que fueran esquinas tanto el cruce exterior de los muros co...
Sería el crujido de los neumáticos, o quizá la noche, más que la noche la imposibilidad de que fuera cualquier otro momento del día excepto la noche. El abrupto deslizarse del automóvil por aquel camino sin asfaltar, atravesando el polvo en suspensión y moviéndonos a espaldas de las casas que tenían ventanas apagadas de gente durmiendo. Esa gente que se dormía a las once para trabajar al día siguiente, esa gente que encontraba su realización en la jornada de ocho horas y una familia que apagaba su vida al encender la tele. Nos sentíamos guardianes de sus sueños, Morpheos, viviendo lo que ellos sólo anhelaban inconscientemente porque habían dejado de anhelar al tiempo que aprendieron a callar. Colándonos por las rendijas de sus contraventanas para desnudar su lívido, para crispar su aceptación muda de la realidad. Nosotros que mirábamos esas ventanas mientras nos comíamos a besos y nos desnudábamos del todo, anhelando el siguiente beso y el siguiente gemido. Nosotros que eramos los rey...
A veces me gustaría escribir como Pau , joder qué fluidez, yo que me atranco con los reniegos pseudorománticos que no llevan a ninguna parte. Tengo que desarrollar más aptitudes literarias. Pero no sé de qué escribir. Estoy muy ilusionado con lo que estoy viendo aquí, tengo proyectos ideas y un montón de cosas que voy a disfrutar. Pero no me apetece hablar de eso. Sinceramente, creo que no podría. Siempre la misma referencia de amor y enamoramientos. Claro que hay, siempre acaba uno siguiendo alguna falda, aunque podría ser cualquier otra. Pero es esa porque te sonríe mucho o te roza de vez en cuando la mano. Y empieza la estúpida frustración de pensar que no le gustas. Que probablemente sea verdad, pero al fin y al cabo, todo va sobre convencer y conquistar. Con alguien discutía el otro día que si esperabas a que una chica viniera a decirte lo guapo que eres y lo muy enamorada que está de ti lo llevaba claro. No me canso de las faldas pero me canso de hablar de ellas. Me da miedo cans...