Te persigo entre mis sueños y mis pre-sueños; en esos momentos antes de que se me cierren los ojos y mi subconsciente se apodere de mi. Me rondas y me confundes, y me confundo yo mismo haciendo vanas ilusiones de infundadas esperanzas. Supongo que ya pasará, como la tormenta, pero esta llovizna que cala aunque no la notes me hunde. Quizás me arrebatas en momentos de debilidad, en los que te mezclas con idealizaciones y frustraciones pasadas. Inlcuso a veces pienso que sÃ, sà eres lo que busco, o quizás no... o quién sabe... No tengo más ganas de pensar en nada de eso, y olvidarme ya de sueños y de fantasmas, y volver a la tierra, y hacer un agujero para enterrar los pies y quedarme anclado al suelo. Cuando pase la tormenta ya sacaré los pies y me permitiré el volver a volar.
Doblar una esquina Sabios de todas las civilizaciones han debatido infructuosamente sobre el curioso fenómeno de doblar esquinas. Dos planos perpendiculares que forman una estructura tan rígida que ningún ser humano es capaz de alterar con sus propias manos, pero que hasta el más torpe es capaz de doblar. Pese a que lo habitual es doblarla andando, también se puede hacer corriendo, saltando, en bicicleta e, incluso, haciendo la croqueta. Por lo que tengo entendido fue Periacóntodo, filosofo griego y panadero en su tiempo libre, el primero en identificar este fenómeno. Pese a ser ninguneado por sus coetáneos - a Zenón de Elea le pareció una idea absurda incluirlo en su libro de aporías - sus ideas han transcendido hasta la actualidad. Fue desafortunado que Periacóntodo vivirá en la única aldea de Grecia menor en la que no se diferenciaban los conceptos de interior y exterior. Dicha particularidad supuso que fueran esquinas tanto el cruce exterior de los muros co...
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