lunes, diciembre 14, 2009

Te invito a mitad camino, a unas palabras cruzadas.
Pero sí que habrá miradas trenzadas, e intentos de asesinato de almas. Habrá sentidos escondidos y quizá palabras rotas.

Espero que llueva, y que la acera adquiera el color de una película de Woody Allen. Espero que el cielo sea gris y nos amenace para poder caminar muy cerca de ti, hombro con hombro, con los brazos bailando mientras los dedos se atraen y se repelen aleatoriamente.
Espero ver tus caderas blandir la bandera de saber que te miro mientras caminas, y te gusta.

Espero, espero, a mitad camino.

jueves, diciembre 03, 2009

Se sentó en el banco de piedra. Cerró los ojos para mantener en su mente la imagen de los árboles y el césped de un verde intenso. Paró todos los pensamientos que podía parar, y se centró en su respiración, en las inspiraciones y en las expiraciones. El aire entraba por la nariz, pasaba por el pecho y tocaba el estómago, hacía el camino inverso y salía por la boca. 

Siguió así hasta que noto que el exceso de oxígeno le daba esa extraña sensación de salir de sí mismo. Podía verse desde fuera, y su yo observador no era más que un halo sin forma que podía ver. Se sentó a su propio lado. Concentración.

Cuando dejó de escuchar su propia respiración pudo escuchar la suave brisa que remecía las hojas. Más, más intenso. Se olvidó del viento y de las hojas, y de su respiración. Más allá, le empezaban a pitar los oídos de la intensidad con la que se concentraba en ellos. 
Lo consiguió, escuchó la hierba crecer, en su infinitamente pequeño movimiento. El crujido de la hierba auto-creándose para acercarse un poco más a las nubes. 

Se planteó qué significaba su vida, qué hacía con ella. Expectativas, expectativas sobre qué, para qué. Sus estudios no eran más que una pseudo ciencia que se autoproclamaba predictora de lo que no lograba predecir, como la sociología, la psicología o la economía. No tiene valor en sí mismo, es sólo una percepción de una sociedad demasiado pobre para entender sus propios problemas. No existía un pensamiento puro al respecto, ni por tanto un verdadero conocimiento. ¿Dónde residía el verdadero conocimiento? ¿Era este conocimiento el camino al shibumi? ¿Tenía sentido algún otro camino que no aspirara al shibumi? El mundo que le rodeaba había decidido medir las cosas según el resultado que generaban, una pobre herencia de la industrialización del siglo XVIII; para él no tenía sentido, el sentido residía en la forma, el camino era único. 

Volvió a si mismo, y se levantó. Olía la hierba húmeda.

miércoles, noviembre 18, 2009

Aquel lugar olía como un camión abandonado, o al menos eso era lo primero que se le venía a la cabeza al pensar en ese olor a húmedad, a cerrado, humo de tabaco, a sudor y a alguna otra cosa imposible de descubrir.
Aunque le repgunaba el lugar no podía dejar de sentir esa suave atracción por ella cada vez que se agachaba y dejaba entrever lo que ocultaba su blusa. Lo había hecho ya varias veces, y cada vez, le daba más la sensación que lo hacía a propósito. Y no porque él le gustara, si no porque ella quería gustar. Era algo parecido a un tanteo de fuerzas, un " a ver hasta donde llego".
La música seguía sonando, estallando contra las paredes que temblaban a cada beat. Era un sitio pequeño, oscuro y ruidoso. Pero aun así lograba concentrarse sólo en el pecho que ella movía desde sus hombros, y no en su cara que se perdía en una lluvia de luces multicolor que deslumbraban intermitentemente, y no permitían ver nada con claridad.

Él se acerco.
- Te invito a tomar un café
- No - contestó divertida mientras arqueaba ligeramente las cejas.

Algunos dicen que quien la sigue la persigue. Otros que hay que jugar a ignorar.
Probablemente sólo sean estupideces si se trata de un camión abandonado.

sábado, noviembre 14, 2009

¿Quedarán lectores de Sin títulos y de Días sin horas? Supongo que no, y si queda alguno, es residual y pasa de vez en cuando. Los RSS aun no están muy asentados. Bueno el hecho es que Dias sin horas vuelve a estar activo.
Y que Sin Títulos también va a recomenzar.
Lo de Días sin horas es relativamente fácil, ya que sólo tengo que ponerme un poco moñón, escuchar un par de canciones de Bright Eyes y ponerme a escribir. Pero, ¿qué hago con Sin Títulos? Es más, ¿a quién hago esta pregunta si ya no me quedan lectores?
Bueno, algo se me ocurrirá (para conseguir lectores, digo). Lo de la temática sigue siendo un misterio.

También es cierto que nunca ha tenido un temática concreta, por aquello de lo Sin Títulos. Creo que comencé hablando de cosas que se me pasaban por la cabeza (desde reivindicaciones a comentarios de actualidad), hasta cuentecillos menos moñones que no tenían cabida en Días Sin Horas.
Cuando estuve en Chile estuve en un curso de escritura, y aprendí muchas técnicas para escribir. Pero, claro, era para escritura de cuentos. Y esto de los blogs tiene poco de cuento y más de artículos periodísticos o reflexiones.
De hecho Días sin horas no son cuentos, son reflexiones, o prosa poética. No hay personajes, ni acción, ni nada.

Así que este post de Sin Títulos, ni títulos, ni sentido. Bueno, ya he encontrado el camino.

lunes, octubre 26, 2009

Retomemos los posts sin títulos. Casi como una rebeldía ante la dejadez, ante la nostalgia de otros años con más inspiración, con más poesía. Que vuelva el sarcasmo y la comicidad, que se revuelvan un poco las tripas, que me despierte de tanta adultez y tanta madurez.
Un guiño, un pequeño post, un desquite.
Sacando la mano de la tumba.