Ir al contenido principal
¿Quedarán lectores de Sin títulos y de Días sin horas? Supongo que no, y si queda alguno, es residual y pasa de vez en cuando. Los RSS aun no están muy asentados. Bueno el hecho es que Dias sin horas vuelve a estar activo.
Y que Sin Títulos también va a recomenzar.
Lo de Días sin horas es relativamente fácil, ya que sólo tengo que ponerme un poco moñón, escuchar un par de canciones de Bright Eyes y ponerme a escribir. Pero, ¿qué hago con Sin Títulos? Es más, ¿a quién hago esta pregunta si ya no me quedan lectores?
Bueno, algo se me ocurrirá (para conseguir lectores, digo). Lo de la temática sigue siendo un misterio.

También es cierto que nunca ha tenido un temática concreta, por aquello de lo Sin Títulos. Creo que comencé hablando de cosas que se me pasaban por la cabeza (desde reivindicaciones a comentarios de actualidad), hasta cuentecillos menos moñones que no tenían cabida en Días Sin Horas.
Cuando estuve en Chile estuve en un curso de escritura, y aprendí muchas técnicas para escribir. Pero, claro, era para escritura de cuentos. Y esto de los blogs tiene poco de cuento y más de artículos periodísticos o reflexiones.
De hecho Días sin horas no son cuentos, son reflexiones, o prosa poética. No hay personajes, ni acción, ni nada.

Así que este post de Sin Títulos, ni títulos, ni sentido. Bueno, ya he encontrado el camino.

Comentarios

sulaco ha dicho que…
A ver si eres consistente y no lo dejas.
Kike ha dicho que…
Tío Fede, un poco de fe.

Entradas populares de este blog

Aquel lugar olía como un camión abandonado, o al menos eso era lo primero que se le venía a la cabeza al pensar en ese olor a húmedad, a cerrado, humo de tabaco, a sudor y a alguna otra cosa imposible de descubrir.
Aunque le repgunaba el lugar no podía dejar de sentir esa suave atracción por ella cada vez que se agachaba y dejaba entrever lo que ocultaba su blusa. Lo había hecho ya varias veces, y cada vez, le daba más la sensación que lo hacía a propósito. Y no porque él le gustara, si no porque ella quería gustar. Era algo parecido a un tanteo de fuerzas, un " a ver hasta donde llego".
La música seguía sonando, estallando contra las paredes que temblaban a cada beat. Era un sitio pequeño, oscuro y ruidoso. Pero aun así lograba concentrarse sólo en el pecho que ella movía desde sus hombros, y no en su cara que se perdía en una lluvia de luces multicolor que deslumbraban intermitentemente, y no permitían ver nada con claridad.

Él se acerco.
- Te invito a tomar un café
- No - cont…
A veces me gustaría escribir como Pau, joder qué fluidez, yo que me atranco con los reniegos pseudorománticos que no llevan a ninguna parte. Tengo que desarrollar más aptitudes literarias. Pero no sé de qué escribir. Estoy muy ilusionado con lo que estoy viendo aquí, tengo proyectos ideas y un montón de cosas que voy a disfrutar. Pero no me apetece hablar de eso. Sinceramente, creo que no podría.
Siempre la misma referencia de amor y enamoramientos. Claro que hay, siempre acaba uno siguiendo alguna falda, aunque podría ser cualquier otra. Pero es esa porque te sonríe mucho o te roza de vez en cuando la mano. Y empieza la estúpida frustración de pensar que no le gustas. Que probablemente sea verdad, pero al fin y al cabo, todo va sobre convencer y conquistar. Con alguien discutía el otro día que si esperabas a que una chica viniera a decirte lo guapo que eres y lo muy enamorada que está de ti lo llevaba claro. No me canso de las faldas pero me canso de hablar de ellas. Me da miedo cansa…
Se sentó en el banco de piedra. Cerró los ojos para mantener en su mente la imagen de los árboles y el césped de un verde intenso. Paró todos los pensamientos que podía parar, y se centró en su respiración, en las inspiraciones y en las expiraciones. El aire entraba por la nariz, pasaba por el pecho y tocaba el estómago, hacía el camino inverso y salía por la boca. 
Siguió así hasta que noto que el exceso de oxígeno le daba esa extraña sensación de salir de sí mismo. Podía verse desde fuera, y su yo observador no era más que un halo sin forma que podía ver. Se sentó a su propio lado. Concentración.
Cuando dejó de escuchar su propia respiración pudo escuchar la suave brisa que remecía las hojas. Más, más intenso. Se olvidó del viento y de las hojas, y de su respiración. Más allá, le empezaban a pitar los oídos de la intensidad con la que se concentraba en ellos.  Lo consiguió, escuchó la hierba crecer, en su infinitamente pequeño movimiento. El crujido de la hierba auto-creándose para ace…